A
esos nietos que les encanta ir a comer a casa de los abuelos y no les piden la
paga. A esos nietos que prestan atención cuando sus mayores cuentan sus
travesuras infantiles. A esos nietos que respetan a los mayores y ven en ellos
una fuente inagotable de experiencias. A esos nietos que se quedan con la boca
abierta escuchando historias que les transportan a mundos de fantasía. A esos
nietos que son alegría y vida para sus abuelos. A esos nietos que se toman la
sopa sin protestar. A esos nietos vaya por delante mi respeto, admiración y
cariño.
Los nietos suponen bastante más que ser los hijos de
los hijos. Son una nueva oportunidad para corregir errores de los abuelos, que
un día fueron padres y no pudieron dedicar todo el tiempo que hubieran querido
a sus hijos. Pero ahora, jubilados en la mayoría de las veces, apartados de la
sociedad y en ocasiones alejados de la vida que transcurre ante ellos como una
película, pueden (y deben) dedicar toda la atención posible a sus nietos.
Aunque no siempre es así, porque se pueden dar dos
variantes incorrectas en la relación abuelos-nietos. Por un lado, los primeros
son utilizados por los padres como “aparcamiento” para su prole, lo que lleva a
convertir una ilusión en una obligación. Por otro lado, que los nietos
únicamente vean el estar con sus mayores, como una manera de lograr sus
intereses o caprichos. Los abuelos, por ver a su lado contentos a sus pequeños,
caen en la equivocación de darles todo aquello que desean y el resultado, no es
otro, que conseguir con el tiempo que el cariño que se podían haber ganado con
su colaboración en la educación de los peques, se convierta en un interés
desmesurado por conseguir, a base de rabietas y ñoñerías, lo que se han
propuesto.
Los nietos tienen que ser cariñosos, obedientes y
considerados y eso sólo se consigue con una educación consciente, sabiendo lo
que nos queremos encontrar mañana, es decir qué clase de persona deseamos que
sea aquel al que ahora cargamos en nuestros brazos. ¿Existe mejor relación de
desinterés y ternura que la que hay entre abuelos y nietos? Los primeros lo
darán todo, los segundos lo recibirán con el corazón y la mente abiertos y sin
egoísmo de ninguna clase, pero cuando, por circunstancias, este entendimiento
magistral se rompe… no habrá nada que lo pueda sustituir.
La educación de nuestros pequeños, les llega por
tres caminos muy diferentes: el colegio, los padres y los abuelos. Lo ideal
sería que esos tres caminos fueran convergentes en sus enseñanzas, pero esta
situación se ve poco porque a menudo suelen estar implicadas tres generaciones
diferentes: la de los abuelos (mayor), la de los profesores (mediana) y la de
los padres (joven) y cada generación con sus virtudes y sus defectos, proyectan
en los críos sensaciones distintas y acaban, sobre un mismo problema o
situación, dando tres soluciones divergentes. Esto produce al pequeño
inseguridad y desconfianza en las personas que les rodean y terminan no
haciendo caso a ninguno de los tres, y tratando de que sus caprichos sean
satisfechos por los más débiles, que en la mayoría de las veces son los
abuelos.
Los jóvenes, en su mayoría
son o, mejor dicho, hemos sido todos egoístas y, en excepciones que tiene la
regla, no se considera a los abuelos con el respeto y cariño que se les debería
tener, pero no nos llevemos las manos a la cabeza porque cuando no es así, no
echemos la culpa a nadie que no seamos nosotros mismos, por no haberles
enseñado que un día ellos también serán mayores y querrán que les abracen los
nietos y les digan las palabras mágicas: “Te quiero mucho, abuelo”.
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