martes, 1 de marzo de 2016

LOS NIETOS

A esos nietos que les encanta ir a comer a casa de los abuelos y no les piden la paga. A esos nietos que prestan atención cuando sus mayores cuentan sus travesuras infantiles. A esos nietos que respetan a los mayores y ven en ellos una fuente inagotable de experiencias. A esos nietos que se quedan con la boca abierta escuchando historias que les transportan a mundos de fantasía. A esos nietos que son alegría y vida para sus abuelos. A esos nietos que se toman la sopa sin protestar. A esos nietos vaya por delante mi respeto, admiración y cariño.

   Los nietos suponen bastante más que ser los hijos de los hijos. Son una nueva oportunidad para corregir errores de los abuelos, que un día fueron padres y no pudieron dedicar todo el tiempo que hubieran querido a sus hijos. Pero ahora, jubilados en la mayoría de las veces, apartados de la sociedad y en ocasiones alejados de la vida que transcurre ante ellos como una película, pueden (y deben) dedicar toda la atención posible a sus nietos.

   Aunque no siempre es así, porque se pueden dar dos variantes incorrectas en la relación abuelos-nietos. Por un lado, los primeros son utilizados por los padres como “aparcamiento” para su prole, lo que lleva a convertir una ilusión en una obligación. Por otro lado, que los nietos únicamente vean el estar con sus mayores, como una manera de lograr sus intereses o caprichos. Los abuelos, por ver a su lado contentos a sus pequeños, caen en la equivocación de darles todo aquello que desean y el resultado, no es otro, que conseguir con el tiempo que el cariño que se podían haber ganado con su colaboración en la educación de los peques, se convierta en un interés desmesurado por conseguir, a base de rabietas y ñoñerías, lo que se han propuesto.

   Los nietos tienen que ser cariñosos, obedientes y considerados y eso sólo se consigue con una educación consciente, sabiendo lo que nos queremos encontrar mañana, es decir qué clase de persona deseamos que sea aquel al que ahora cargamos en nuestros brazos. ¿Existe mejor relación de desinterés y ternura que la que hay entre abuelos y nietos? Los primeros lo darán todo, los segundos lo recibirán con el corazón y la mente abiertos y sin egoísmo de ninguna clase, pero cuando, por circunstancias, este entendimiento magistral se rompe… no habrá nada que lo pueda sustituir.

   La educación de nuestros pequeños, les llega por tres caminos muy diferentes: el colegio, los padres y los abuelos. Lo ideal sería que esos tres caminos fueran convergentes en sus enseñanzas, pero esta situación se ve poco porque a menudo suelen estar implicadas tres generaciones diferentes: la de los abuelos (mayor), la de los profesores (mediana) y la de los padres (joven) y cada generación con sus virtudes y sus defectos, proyectan en los críos sensaciones distintas y acaban, sobre un mismo problema o situación, dando tres soluciones divergentes. Esto produce al pequeño inseguridad y desconfianza en las personas que les rodean y terminan no haciendo caso a ninguno de los tres, y tratando de que sus caprichos sean satisfechos por los más débiles, que en la mayoría de las veces son los abuelos.
 
   Los jóvenes, en su mayoría son o, mejor dicho, hemos sido todos egoístas y, en excepciones que tiene la regla, no se considera a los abuelos con el respeto y cariño que se les debería tener, pero no nos llevemos las manos a la cabeza porque cuando no es así, no echemos la culpa a nadie que no seamos nosotros mismos, por no haberles enseñado que un día ellos también serán mayores y querrán que les abracen los nietos y les digan las palabras mágicas: “Te quiero mucho, abuelo”.

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